sábado, 5 de mayo de 2012

Cómo el ego puede aumentar el conflicto



(Imagen: Plano creativo)

Eckhart Tolle, en su libro Una nueva tierra, habla del ego y de la infelicidad. Muchas veces, yo me he preguntado por qué se tiende a magnificar las situaciones negativas y parece que el ego tiene mucho que ver. Cuando una situación negativa nos supera y hace que nos sintamos impotentes, el inconsciente reacciona, muchas veces, multiplicando lo negativo. Como en una tragedia griega, nos sentimos los protagonistas principales: “yo contra el mundo”. Lo negativo ataca nuestra autoestima y hace que nos sintamos como un minúsculo granito de arena en la inmensidad. Es entonces cuando el ego o el subconsciente deciden que deben entrar en el juego.


Muchas veces la reacción del subconsciente se traduce en aumentar aun más la gravedad percibida de los hechos. Eso nos hace sentirnos el centro de todo y, de alguna manera, puede conseguir reforzar nuestra autoestima. Ser el centro, además, nos puede hacer olvidar asumir nuestra responsabilidad en lo ocurrido y enfrentarnos a una realidad que no va a ayudar a sentirnos mejor. Afrontar el conflicto es desagradable e incluso doloroso y no hacerlo es una postura de huida y es también más cómodo. En un principio, este proceso puede  ser inconsciente y temporal, y poco a poco nos vamos a ir dando cuenta de la realidad. La parte positiva es que este camino nos ayuda a tomar conciencia de nuestra persona y si además nuestro ego se ha reforzado deberían surgir las fuerzas para encarar el problema y transformarlo…

Pero no siempre ocurre así. La seguridad momentánea que nuestro ego ha conseguido gracias a la magnificación del problema puede verse en serio peligro si finalmente afrontamos el conflicto. Ante la inseguridad del enfrentamiento, muchas veces nuestro subconsciente nos incita a refugiarnos en lo que sí nos da seguridad, es decir, en lo trágico y lo injusto que es lo que nos rodea. Repetir la idea nos autoconvence y nos quedamos buceando en lo malo. Se adopta una postura defensiva y en ocasiones violenta (la mejor defensa es un buen ataque) ante el temor de que las cosas puedan empeorar si nos movemos y de que no seamos capaces de manejar la situación. Puede ser una elección involuntaria, guiada por nuestro subconsciente, o voluntaria, lo que ya podría calificarse como una postura retorcida. En esta postura, se rechaza cualquier intervención externa que creamos que pueda sacarnos de nuestro ensimismamiento y el conflicto, lejos de ir hacia la resolución y su transformación, puede derivar hacia la escalada y empeoramiento.

La reacción de quien es la parte contraria, si se encuentra también en la misma situación, puede hacer que empeore la situación. Pero si esta decide afrontar el problema y comprende la situación de la otra persona, es posible que pueda trazar el camino hacia la resolución del conflicto, mediante el uso de las técnicas adecuadas y de habilidades comunicativas como la empatía o la escucha activa. Reaccionar de forma negativa ante las dificultades, incluso encontrar cierto “bienestar” inconsciente en potenciar la situación es una reacción lógica del ser humano e incluso “cómoda” de adoptar. Cierto grado de desánimo al inicio del problema puede ser saludable e incluso curativo. Nos hace ponernos en alerta y prepararnos para lo que viene después. Sin embargo, controlar la situación, trabajar por salir del agujero y reconducir el problema no es cómodo ni sencillo. Requiere mucho esfuerzo pero al final del camino puede valer la pena. Por eso es tan importante aprender técnicas de resolución de conflictos, aprender habilidades para una comunicación constructiva y trabajar mucho nuestra autoestima. La felicidad es momentánea y tiene un precio, pero puede valer la pena pagarlo.

2 comentarios:

  1. Muy buen artículo, claro, sencillo de entender y perfectamente redactado. ¡Enhorabuena!

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  2. Si realmente muy bueno...me ha gustado

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